La galaxia del fracaso

 

Escribo este artículo al hilo de este video que últimamente esta corriendo como la pólvora entre mis amigos creativos. Se trata de un monólogo de Milton Glaser sobre el “miedo al fracaso”. Siete lúcidos minutos sobre uno de los aspectos que más preocupa a mis alumnos y en general creo que a cualquier persona creativa.

El miedo a equivocarnos, a hacer algo mal.

Un ejemplo:

Muchas veces cuando doy los talleres de entintado con pincel, mis alumnos practican, se divierten, ensucian miles de folios con líneas, manchas, texturas… hasta que llega el momento de la verdad, ese momento en el que les digo que es hora de empezar a entintar algún dibujo suyo. Todos cambian de actitud y me dicen lo mismo. Temen equivocarse.

Siempre les contesto que no hay que tener miedo a equivocarse. Forma parte del proceso de aprendizaje, pero la gran mayoría no saben cómo gestionarlo y se ponen nerviosos antes de empezar el trabajo.

Ese vicio lo cogemos pronto, en nuestra infancia. Uno de sus orígenes es, quizás, el colegio. El que falla en clase es torpe, el que acierta, es un héroe. No se valora a aquel que se equivoca y luego lo hace bien, sólo al que lo hace bien desde el principio.

Y esto es, como muy bien dice Glaser en su video, por que nadie nos enseñan a fallar. El modelo social es el éxito, la popularidad, el dinero. Pero esa concepción del trabajo obvia la fuente del mismo éxito, que es la caída. El error. 

¿Cómo enfrentarnos psicológicamente a la frustración del fallo?

A lo largo de mi carrera he probado todo, pero la mayor parte de las veces acababa enfadada, después me criticaba y acababa por convertir el proceso creativo en un infierno. Me estaba obligando a dibujar. Con la experiencia descubrí que las emociones negativas no me permitían disfrutar de mi trabajo. Tenía que cambiar el chip y aprender cómo enfrentar mejor los errores.

Hay que saltar cinco obstáculos:

Obstáculo 1. Dibujar mal te enseñará algo: tus carencias

Suena manido, pero es cierto: de los errores se aprende. Si algo no sale, hay que practicarlo cien mil veces más. Este error me esta diciendo que hay algo que no se hacer. Tomo nota y aprendo.

Obstáculo 2. Silencia al crítico

Una de las reacciones más frecuentes frente a un dibujo que no sabemos/podemos solucionar en un momento determinado es el enfado. Nuestro crítico interior se viene arriba y se luce con toda clase pensamientos negativos. Este pequeño gamberro te repite de forma obsesiva frases como “menuda mierda estas haciendo” o “no se por qué coño estás haciendo esto, si te esta quedando fatal”.

Llegados a este punto, la mayoría de las veces no estamos cómodos trabajando. Tardamos más y lo que en un principio es nuestra pasión, se convierte en algo agotador. Estamos empezando a sufrir.

En ese caso, lo mejor es parar. Es mi mejor consejo. A la mente hay que distraerla cuando entra en bucle. Haz cosas distintas un rato, aunque sea cinco minutos. Silenciarás al crítico y le darás un respiro a tu cabeza.

Cuando volvamos a dibujar, hay que centrarse en disfrutar de aquello que nos está permitiendo aprender. Aunque no quede perfecto.

Hay que aprender a “disfrutar” del fracaso.

Obstáculo 3. No te compares

Otro de nuestros mayores errores es la tendecia a compararnos con los demás. Este es un obstáculo bastante grande.

Tenemos metas, objetivos que a veces son excesivamente altos. Hay que ponerse "objetivos alcanzables". No voy a poder dibujar como Jose Muñoz en cuanto salga de la Escuela (¡sería una genia!) pero si puedo mejorar mis errores de anatomía, mi percepción del color o mi sentido del espacio. 

Si estoy mirando a los demás, lo que hacen o cómo lo hacen, además de generarme malestar no seré capaz de centrarme en mi propio camino.

Obstáculo 4. Encierra a las fieras

Una de las cosas más complejas a la hora de saltar el punto 2 es la gestión de las emociones. Al contrario de lo que parece, en el trabajo creativo no intervienen los sentimientos. Es mucho más simple: una vez que tu cerebro supera los 30 minutos ejecutando un ejercicio técnico, tu cabeza se olvida de ti y se centra en lo que esta haciendo/aprendiendo. Las fieras empiezan rugiendo alto, pero a medida que vas prestando atención a lo que haces, bajan el volumen y acaban callándose. Hay que acabar con las emociones negativas que producen los miedos, para despertar nuestra lucidez. Esto no quiere decir que nuestro trabajo sea exclusivamente racional, pero nuestras inseguridades personales deben quedar fuera de nuestra labor comunicativa. Nuestra obra será cercana, pasional, tierna, salvaje o incómoda según nuestra identidad creativa, no la personal. Y con identidad creativa quiero decir aquella parte de la personalidad del artista que conforma su "yo" ilustrador y que es interdependiente de cada una de las partes que conforman a una persona.

En definitiva, las inseguridades sólo aparecen para molestarnos. Y asoman con más frecuencia cuanto menor sea la experiencia o confianza en nuestro trabajo/nosotros.

Por eso es tan importante aprender a gestionarlas al principio, cuando eres un mocoso arrogante y estás aprendiendo. Los ejercicios que has hecho no son como esperabas, eres consciente de que no eres el mejor dibujante. Hay muchos, miles, que son mejores que tú, pero al contrario de lo que puedas pensar, eso no debe frenarte. Ser conscientes de nuestros defectos no es un motivo de frustración o castigo. Aprender de esos fallos permite crecer, realizar reflexiones profundas sobre nuestro dibujo, madurar como artista, mejorar nuestras capacidades y sobre todo, hacernos más humildes, porque somos conscientes de nuestras limitaciones.

Puede que no sea la mejor dibujante del mundo, pero tampoco quiero serlo. El objetivo no es ese. Debemos maximizar el disfrute por que cuando nos relajamos salen los mejores dibujos y aprendemos más.

Obstáculo 5. Lo peor que puede pasar

También debemos que aprender a relativizar. Por un dibujo que nos salga mal, un pequeño atasco o crisis, no nos vamos a morir. Si pasamos un dibujo a tinta y sale mal, ya saldrá otro mejor. No pasa nada. Es solo un dibujo. Enfocarse en el tropiezo momentáneo no nos permite ver el objetivo final. Si me centro mucho en el error concreto, pierdo la visión de lo general. Por eso hay que relativizar.  Nuestra es la guerra, no la batalla.

Por otra parte, piénsalo: un dibujo en comparación con el Universo. Reflexiona. Un sólo dibujo no determinará tu carrera, aprende a darle la importancia que merece. A veces olvidamos lo pequeños que somos. Me gusta mucho este símil que utiliza mi compañero Mol en nuestros talleres:

Lo que también me recuerda un poco a la filosofía de los samuráis: tener presente la fatalidadCuando estos guerreros se planteaban todos los días cómo podían morir, no estaban siendo macabros, estaban pensando en lo peor que les podía pasar. Intentemos aplicar este concepto a la creatividad. Es un ejemplo basto, lo sé, pero útil : ¿Qué es lo peor que puede ocurrirte si no haces bien un ejercicio/dibujo/trabajo? ¿que lo repitas? ¿que te salga feo y te avergüence? Ahora compáralo con todo lo bueno que puedes sacar.

Obstáculo 6. Aprende a relajarte y disfrutar

Estando relajados es cuando llegamos al máximo disfrute de nuestro trabajo, el dibujo mejora y las limitaciones desaparecen. En muchos casos, esto también se ve facilitado por nuestra capacidad de concentración. Dejar la mente en blanco al dibujar y centrarnos en el momento. Es lo que en psicología se conoce como “flow” o “fluir” y que reconoceremos como aquellas veces en las que se nos olvida como pasa el tiempo cuando algo nos lo hace pasar bien.

De la misma manera, si aprendemos a relajarnos también mejoraremos, pues la mente esta más abierta a generar ideas a través del disfrute que del sufrimiento. Nuestros dibujos hablan de nosotros y cuando alguien se divierte, la belleza de la obra crece de forma exponencial. 

¡Cuánto daño ha hecho la imagen romántica del artista atormentado!

Estoy convencida de que muchos pensaréis que es complicado poner en práctica estos consejos –¿Cuántas veces lo habré oído en mis alumnos? ¿Incluso a mí misma?– pero para cambiar las cosas sólo hay que querer y poner empeño. Sólo así iniciaremos en nosotros una forma distinta de vivir la creatividad. Una forma saludable y equilibrada que mejorará enormemente nuestras capacidades técnicas.

 

 

Algunas notas para aprender a ilustrar

¿Cúal es la finalidad de ilustrar?

Esta es la pregunta más importante a la que como profesionales, nos hemos enfrentado alguna vez. 

Ilustrar es comunicar. La finalidad básica de cualquier ilustrador es transmitir y llegar al lector. No acompañar, ni decorar. El ilustrador debe aportar, con su talento, una información complementaria de lo que leemos. Dicha información puede ser explícita o tangencial, siendo esta última siempre más aconsejable por su sutileza y valor añadido al texto.

Cuando el profesional analiza las líneas que debe iluminar, los ilustradores tomamos con frecuencia dos posturas: la humanista o la científica. 

En la humanista el dibujante "opina" sobre el texto, mientras que en la científica el dibujo debe ser lo más fiel posible a lo que estemos leyendo. En una postura prima la opinión del artista y en la otra se supeditan las necesidades literarias y la fidelidad hacia texto.

Ambas posturas son lícitas, sin embargo encuentro cierta simpatía hacia la "humanista", pues en ella se encuentra en cierto modo una aportación más explícita del ilustrador. Es evidente que no siempre es posible (no me lo imagino en un libro científico o didáctico, por ejemplo), pero si es factible en otros formatos.

Como artistas gráficos dedicados a la labor comunicativa, debemos darle prioridad a la lectura de nuestra imagen y para ello la primera pregunta que nos debemos plantear es:

¿Qué quiero decir?

La respuesta debe ser concreta y directa: una emoción, un ambiente, un gesto... Cualquier cosa es válida para comunicar el mensaje de nuestro texto.

Podemos servirnos de una emoción y nuestra ilustración tendrá un valor único y poderoso. Es evidente que también nos ayudaremos de ambientaciones, expresividad, composición y paleta de colores, pero no debemos olvidar nunca que nuestra prioridad es comunicar y ante esto, el resto de necesidades gráficas deben adaptarse para potenciar el mensaje.

¿Cómo empiezo?

Es indispensable la lectura y para ello nos ayudaremos de la búsqueda de definiciones o sinónimos. Realizaremos mapas mentales o brainstorming. De esta manera profundizaremos sobre el escrito y veremos sus necesidades. Pasaremos del lenguaje escrito al dibujo, pues cada palabra esta asociada a un icono o imagen de la que podemos partir y desarrollar nuestra ilustración.

¿Cómo lo digo?

Huyendo del artificio. La síntesis gráfica debe ser nuestra prioridad como comunicadores. Seleccionaremos los elementos indispensables de nuestra ilustración y estableceremos jerarquías.

Para ello, es básica una lectura analítica y profunda. No podemos quedarnos con lo primero que veamos. En cierto modo, nuestro texto es un espejismo y si nos quedamos en el reflejo distorsionaremos su mensaje final.

¿Qué es lo más importante del texto? 

Esta parte es tan personal e intransferible que poco puedo decir. Una lectura tiene tantas interpretaciones como lectores, por lo que cada ilustrador deberá decidir que es lo más importante. Sin embargo si que es imprescindible que ordenemos esa información. El lector la digerirá tal y como nosotros queramos que lo haga. Haremos pequeños estudios compositivos y veremos cual de todas nuestras propuestas funciona mejor. 

Abocetar nos ayudará a poner sobre la mesa distintas imágenes y nos ayudará a seleccionar aquella que mejor se adapte a nuestras necesidades comunicativas.